La ciencia apoya la Biblia


Por muchos años la comunidad científica ha atacado la Biblia. Los intelectuales se mofan de ella y la toman como un gran mito. No ven nada bueno en ella. No la ven práctica para nuestros días. No le dan rango de conocimientos que puedan ser observados y probados bajo la lupa científica. Los ateos no la respetan. Todos ellos quieren arrancarla de la faz de la tierra. Hasta andan en busca de un presidente ateo. Uno que gobierne el mundo entero. En ese tipo de sociedad se cometerían, sin duda alguna, atrocidades peores que las que llevó a cabo Adolfo Hitler y la Santa Madre Iglesia Católica. Solo una minúscula parte de esa comunidad científica cree que el universo, tal como lo conocemos hoy, fue creado por una inteligencia muy superior a la nuestra.

El universo es extremadamente grande, extremadamente complicado y se mueve extremadamente armonioso. Unas leyes extremadamente científicas lo rigen. El placebo teórico de una evolución capaz de construir todo eso es extremadamente fantástico. Para construir una casa se necesita de un diseño, de un arquitecto y de un ingeniero que lleven a cabo dicha proeza. ¿Y cuántas veces es más complicado el universo que una casa? En verdad, los ateos son extremadamente exagerados. Ni un presidente ateo ni una comunidad científica atea podrá nunca regir sobre los destinos de la humanidad. La humanidad no puede ser dirigida por peces ni por monos ni por aves.

La ciencia verdadera apoya la Biblia. Ahí están la historia y la arqueología.  En su rebuscar por los libros y en su escarbar por la tierra, ambas han sido un brazo amigo de la Biblia. Los datos existen. Pero esos datos los ateos los botan a la basura. La mera mención del título Dios les provoca estreñimiento cerebral. El raciocinio y pensamiento crítico se les cae estrepitosamente, como ha ocurrido con la Bolsa de Wall Street.  Veamos unas noticias recientes.

La primera noticia dice: “Un grupo de investigadores israelíes han anunciado hoy el descubrimiento de lo que creen que es la inscripción hebrea más antigua y que figura en un trozo de cerámica u ostracon hallado en una zona fronteriza del bíblico reino de Judea, al suroeste de Jerusalén, hace 3.000 años. En una escritura protocananea, la inscripción se remonta al período de la mítica batalla entre David y Goliat, en el siglo X a.e.c., según pruebas con Carbono-14 realizadas a otros restos biológicos hallados en el mismo estrato”. Prosigue: “La cronología y geografía de la Fortaleza es un exclusivo punto de encuentro entre la historia, la historiografía y los orígenes más tempranos del mítico Reino de David”, dice el profesor que lo descubrió, Yossi Garfinkel, de la Universidad Hebrea de Jerusalén”. ¿Por qué se interesarán tanto estos científicos en esas búsquedas que unen la ciencia con la Biblia?

La segunda noticia nos relata lo siguiente: “Un equipo internacional de científicos ha hallado pruebas de que el calentamiento global en los Polos, que pierden cada vez más masa helada, se atribuye directamente a la actividad humana, según un estudio publicado en la última edición de Nature Geoscience. Por primera vez, se ha constatado que existe una “causa humana” en el aumento de las temperaturas tanto en la Antártida como en el Artico”. Algo más. “Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, compuesto por 2.500 expertos, el año pasado la huella humana en el clima se detectó en todos los continentes excepto en la Antártida. Con esta nueva investigación, se disipan todas las dudas”.

¿Qué dice la Biblia con respecto a este grave problema mundial? El texto que voy a citar es extremadamente corto, pero extremadamente significativo. Dice: “Dios destruirá a aquellos que están destruyendo la tierra”. También dice: “Dios, el Formador de la tierra no la creó sencillamente para nada. La formó aun para ser habitada. No será destruida, pues la tierra para siempre permanece”.

El hombre a través de un sistema político y económico egoísta y perverso está en realidad perjudicando el medio ambiente a nivel global. Agua, aire y tierra han sido el escenario de toda la maldad que el hombre es capaz de infligirle a toda la vida humana, flora y fauna. Toda una cadena de guerras salvajes ha colocado las piezas necesarias para tantos problemas mundiales. Países azotados por la pobreza y el hambre, refugiados de guerra sin esperanza son criaturas de todo ese sistema codicioso y mentiroso. El plan de Dios para la tierra no es mitología, pues el propio hombre, a su manera, piensa y actúa en esa misma dirección.

Cuando yo vea un chimpancé tocando violín con la Filarmónica de Puerto Rico, entonces dudaré de la creación y empezaré a creer en la evolución. Luego, seré ateo.

fuente:http://new.elmasacre.com/?m=opinion&s=opinion&articulo=855

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